La “autoridad docente” en tiempos de dispersión

Cada día más el acto educativo escolar está signado por subproductos (Elster: 1988) que a la vez que son buscados con persistencia (y en algunos casos, con melancolía o desesperación) se escapan, se diluyen, se evaporan provocando que la problemática existente se profundice. Este es el caso de la noción y práctica de la Autoridad, una autoridad con tintes particulares y con mutaciones permanentes, en la que los roles y las relaciones cambian a ritmos vertiginosos y provocan desazón y fatiga,  una Autoridad en “tiempos de dispersión” (Sibilia: 2012).

Tomando la definición de autoridad que realiza Alexandre Kojeve podemos entender que “La Autoridad es la posibilidad que tiene un agente de actuar sobre los demás (o sobre otro), sin que esos otros reaccionen contra él, siendo totalmente capaces de hacerlo” (Kojeve: 2005). Dicha Autoridad es una relación y, por lo tanto, un fenómeno social y en este trabajo intentaremos comprender la crisis que se produce en la práctica cotidiana de esta relación a partir del declive de las Instituciones y los cambios sociales, culturales y tecnológicos que se dan a pasos agigantados.

En el film “Entre los muros” de Laurent Cantet, el protagonista, un profesor de escuela secundaria de Francia (que podría ser tranquilamente cualquier docente de nuestro país) se enfrenta, de manera constante, a las reacciones de sus alumnos que ilustran esa falta actual de autoridad. Es decir, trasladándonos a la noción de Autoridad, estos chicos siendo capaces de reaccionar ante el acto de su profesor “reaccionan” sin ningún estupor, mostrándonos la crisis actual de la tarea docente, una crisis que se escucha como lamento permanente en las salas de profesores (de la película y de nuestras escuelas) y en donde cada docente se enfrenta al sentimiento de “querer irse”, de abandonar la cruzada, de jubilarse. Estanislao Antelo lo expresa así: “A la obligación de poner a prueba la personalidad y extremar las dosis de compromiso y entrega, le sigue el famoso burn out, la fatiga constante y el deseo prematuro de jubilarse” (Antelo: 2014).

Kojeve (2005) reconoce cuatro tipos de autoridad y los relaciona con cuatro teorías o visiones de dicho concepto. Para este trabajo utilizaremos el tipo de autoridad del Jefe sobre la Banda que está relacionado con la Teoría de Autoridad de Aristóteles que tiene un perfil de dominación pero que es distinta de la Hegeliana. Entre las variantes de este tipo se encuentra la relación Maestro – Alumno: aquí “el alumno renuncia a las reacciones contra los actos del Maestro porque piensa que este último ya se encuentra en el sitio donde él mismo sólo llegará después: está adelantado con respecto a él” (Kojeve: 2005). Como podemos ver, esta visión teórica está alejada de la práctica cotidiana por varios factores, entre los que destacamos al “declive de la institución” que da nombre al libro de François Dubet (2006) que basa su estudio sociológico en el análisis de las profesiones dedicadas al “trabajo con los otros”; dicho declive es lo que Dubet expresa como la decadencia del Programa Institucional y nos lleva a que los docentes pierdan la coraza brindada por el rol social de su trabajo en la escuela, lo que produce que “la autoridad en el ámbito escolar ya no reposa más en el sistema o en la institución, sino que tiene que ser producida en las propias capacidades individuales” (Martuccelli: 2009).

En la actualidad, ¿cuánto tiene entonces la autoridad de capacidades personales de los docentes? Sin dudas, mucho. Por lo tanto, “la autoridad se declinará de manera distinta en función de la importancia de una disciplina (o de su diferencial de coeficiente en la nota promedio), de la edad del docente, de su talla o de su fuerza de carácter” (Martuccelli: 2009).

Esta idea de diferenciación de niveles de autoridad de acuerdo a cuestiones individuales nos acerca al postulado que siempre enuncia Estanislao Antelo de que no cualquiera puede ser docente y eso podemos justificarlo en que, al buscar un trabajo como profesor, quien selecciona a los postulantes no tiene tanto en cuenta los conocimientos de una disciplina en particular como las características de personalidad de quien desempeñará el rol.

El papel protagónico de los docentes actuales en relación con el paraguas que, quienes ejercían antes la profesión, recibían de las instituciones los lleva a poner en juego su personalidad en cada interacción, en cada acto del proceso comunicacional educativo. De alguna manera, al no poder heredar la Autoridad de la escuela, el esfuerzo es mayor, los proyectos invaden las planificaciones de aula y la motivación permanente cobra una importancia extrema y, en consecuencia, el desgaste, que todo esto produce, crece exponencialmente.

Por otra parte, vivimos inmersos en un mundo en permanente proceso de cambio, en el que los avances tecnológicos generan nuevas formas de comunicación y de relación en la que los adolescentes que pululan por las aulas adquieren ciertos modos de ser y actuar que hacen más difícil ejercer una autoridad que coincida con los parámetros establecidos antiguamente y caracterizados por una autoridad disciplinaria. Como dice Alain Ehrenberg “el lugar de la disciplina en los modos de regulación de la relación individuo-sociedad, se ha reducido. Se apela menos al recurso de la obediencia disciplinaria que a la decisión y a la iniciativa personales” (Ehrenberg: 2000). Por otra parte, antes, los alumnos recibían pocas influencias externas al sistema educativo, hoy la competencia por el dominio en la formación de referencias es muy grande y eso hace muy difícil que el docente pueda ejercer efectivamente la autoridad disciplinaria antigua como un Jefe de Banda.

Los cambios mencionados generaron una mutación en quienes asisten a las clases escolares. “Lo que se propone pensar aquí es que ese niño, que se definía en virtud de su porvenir ciudadano como fruto de la conjunción entre el hijo – producido por la familia –y el alumno –modelado por la escuela -, quizá hoy sea una figura en extinción” (Sibilia: 2012). Esa figura ya inexistente le dio paso a un nuevo actor áulico que Inés Dussel analizando a Jenkins denomina el “prosumer” que es tanto consumidor como productor, “surge a partir de la expansión de los nuevos medios digitales, y plantea un quiebre democrático de la jerarquía vertical del saber experto y del control centralizado de la información y la cultura” (Dussel: 2011).

Esta caída de la jerarquía vertical nos lleva a tener que repensar la noción de autoridad de los maestros y profesores. Por un lado vemos que los alumnos migraron a prosumidores que se desempeñan en una cultura participativa y ya no responden a una autoridad basada en la disciplina como estandarte en los modos de regulación de las relaciones; por la otra, vemos que los docentes deben actuar poniendo en juego su personalidad y normados bajo las nociones de proyecto, motivación y comunicación que los llevan a un estado depresivo del que sólo es posible salir mediante suplementos… Pareciera un laberinto sin salida.

Sin embargo, creemos que se puede encontrar otro camino para el ejercicio de la autoridad docente teniendo en cuenta la noción de autoridad de Richard Sennett “Una definición de autoridad es precisamente la de alguien que utilizará su fuerza para cuidar a otros y atenderlos (Sennett: 1983). Y hago hincapié en la palabra cuidado que tan bien Todorov expresa en su libro Frente al Límite y que Estanislao Antelo analiza así: “Si el cuidado es la virtud cotidiana que nos interesa, se debe a que requiere del otro, de un asirse a otro ser vivo. El destinatario del cuidado, a diferencia del héroe, no es una abstracción sino un individuo concreto, un ser vivo” (Antelo: 2005). Es en ese cuidado en contraposición con la disciplina que reside el camino a seguir…

Como conclusión, creemos que ese camino a seguir se resume en la definición de Alain Badiou de amor pensado como “una manera de experimentar el mundo desde la diferencia” (Badiou: 2012).

Bibliografía

ANTELO, (2005), “Variaciones sobre la autoridad”, en Segundas Jornadas Nacionales de Formación Docente Continua. Contextos, políticas y sujetos den la formación de profesores, Instituto de Formación Docente Continua. Villa Mercedes, San Luis.

ANTELO, E. (2014), “Padres nuestros que están en las escuelas”, Rosario, Homo Sapiens Ediciones.

DUBET, F. (2006), El declive de la institución. Profesiones, sujetos e individuos en la modernidad, Barcelona, Gedisa

DUSSEL, Inés (2011), “Más allá de la cultura participativa. Nuevos medios digitales, saberes y ciudadanía en escuelas secundarias de Argentina y Chile”, en Ciudadanos inesperados. Las relaciones entre educación y ciudadanía ayer y hoy, editado por Ariadna Rodríguez Acevedo y Paula López Caballero, México, El Colegio de México-DIE-CINVESTAV

EHREMBERG, Alain (2000), La fatiga de ser uno mismo. Depresión y sociedad. Buenos Aires, Nueva Visión

ELSTER, J. (1988), Uvas amargas. Sobre la subversión de la racionalidad, Barcelona, Península.

KOJEVE, Alexandre (2005), La noción de autoridad. Buenos Aires, Nueva Visión

MARTUCELLI, D. (2009), “La autoridad en las salas de clase. Problemas estructurales y márgenes de acción”, en: Revista Diversia, N°1 Valparaíso, CIDPA

SENNETT, Richard (1983), La autoridad. Madrid, Alianza

SIBILIA, P. (2012), Redes o paredes. La escuela en tiempos de dispersión, Buenos Aires, Tinta Fresca

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